El drama de Haití pudo haber sido escrito por cualquier autor clásico del periodo de oro griego: un pueblo condenado de antemano, por la ira o veleidad de un dios cruel e implacable. Pero no es tan fácil la explicación. El sismo, de un terrífico 7 en la escala de Richter, solo desnudo las falencias y carencias de otros terremotos acaecidos, pero esta vez de índole política, social y económica.Largos años de dictaduras oprobiosas, el derrumbe de una precaria economía, una clase política corrupta y depredadora. Y si a este cuadro añadimos un suelo mezquino para la agricultura, tendremos el cuadro perfecto que nos permita asomarnos a la tragedia haitiana.
¿Cómo restaurar, no la infraestructura, sino la dignidad de un pueblo? ¿De que forma incrementar la economía y el comercio en un país donde las estructuras, económicas y físicas fueron barridas por las ondas del fenómeno telúrico?
¿Como lidiar con vecinos, que tras la ayuda material, esconden designios ideológicos; llamasen Cuba o Estados Unidos? La reconstrucción de Haití, sobrepasa la estructura física. Es una tarea de titanes. A la sombra de la desgracia lidiaran grandes corporaciones y compañías que aspiran una tajada en el jugoso negocio de la reconstrucción; tal como sucedió en Irak. Luego será, tutelar el crecimiento civil que permita a un pueblo recuperar su sabia vital su identidad y orgullo como nación .